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Mitos cotidianos

Camino todos los días: ¿es suficiente después de los 60?

Domingo Caballero Ginés
Domingo Caballero Ginés
CCAFD · COLEF nº 68.674
Publicado: 24 septiembre 2026 · Actualización editorial: 25 septiembre 2026
Dos personas de más de 60 años paseando y conversando

Pasear y mover una carga plantean retos distintos. Las recomendaciones de actividad física incluyen tanto actividad aeróbica como trabajo muscular; en mayores también se presta atención al equilibrio. [1]

No necesitas abandonar tus paseos. Puedes complementarlos con ejercicios ajustados a tu nivel: levantarte, empujar o levantar una carga. La clave es que supongan un esfuerzo suficiente para ti y puedas progresar. [2]

Estar activo y entrenar fuerza no son lo mismo

Puedes disfrutar de un paseo largo y, sin embargo, encontrar difícil levantarte de un asiento bajo. No es una contradicción: son tareas diferentes. Caminar consiste en repetir pasos; levantarte exige elevar tu cuerpo desde una posición concreta. Conviene mirar qué quieres mejorar antes de decidir que hacer más de una actividad resolverá cualquier dificultad que notes en otra.

La propuesta no es quitar valor a tus paseos. Pueden formar parte de tu rutina, tus relaciones y tu disfrute del día. La cuestión es dejar espacio también a ejercicios que trabajen demandas distintas. Si tu objetivo es cargar una maleta o levantarte del suelo, merece la pena preguntarte dónde aparece esa preparación en tu semana y qué necesitarías para practicarla de forma adecuada.

Qué añaden los ejercicios de fuerza

Entrenar fuerza supone organizar esfuerzos contra una resistencia: tu cuerpo, una banda, una máquina o una carga, por ejemplo. Para empezar, importa entender qué movimiento haces y si su dificultad encaja contigo. Un ejercicio demasiado complicado no es mejor por parecer más deportivo, y utilizar una silla no impide que una tarea sea exigente para quien la practica.

Una forma sencilla de revisar tu actividad es escribir lo que haces durante una semana normal. Separa los paseos de los momentos dedicados a ejercicios musculares. No necesitas convertirlo en una contabilidad perfecta; basta con ver si ese segundo espacio existe. Si todo termina bajo la etiqueta «me muevo mucho», es fácil no darse cuenta de que algunas capacidades apenas tienen un trabajo específico.

Cómo hacerles sitio sin cambiarlo todo

Puedes conservar tus paseos y reservar un momento para un circuito acorde con tu situación. Prepara el material y lee sus instrucciones antes de empezar; así podrás centrarte en practicar en lugar de elegir ejercicios sobre la marcha. Utiliza la cantidad inicial propuesta y observa cómo la toleras, sin sumar varias rutinas el primer día para compensar el tiempo que no has entrenado.

Después, anota algo concreto: qué ejercicios hiciste, cuáles te resultaron fáciles y en cuáles necesitaste ayuda. Esa información sirve para decidir si repetir la misma propuesta o pedir una adaptación. Si caminar ya te produce síntomas nuevos, dolor de pecho, mareo o una falta de aire desproporcionada, no lo interpretes simplemente como falta de entrenamiento. Detén la actividad y solicita valoración; ante síntomas intensos o repentinos, atención urgente.

Caminar es bueno, pero el cuerpo se adapta a lo que repite. Para seguir proponiéndole retos de fuerza suele hacer falta algo más: una intensidad relativa que tenga sentido para esa persona.

Domingo Caballero

Mira tu semana: ¿hay algún momento dedicado a trabajar los músculos con un esfuerzo distinto al de caminar? Empieza por identificar ese hueco, sin intentar cambiarlo todo de golpe.

Ver los tres circuitos
Fuentes científicas
  1. OMS (2020). Directrices de actividad física y hábitos sedentarios.
  2. NHS. Actividad física para personas mayores.

Texto pendiente de revisión final de Domingo. Sus aportaciones aparecen como cita personal. Cómo elaboramos el contenido.

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